Ciencia en el mundo

Hablar emite tantos aerosoles como toser y alcanzan dos metros en segundos si no se usa mascarilla

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La gran mayoría de los contagios de Covid-19 se producen en interiores mal ventilados

Científicos estiman que hablar durante un largo tiempo tiene incluso más opciones de propagar el virus que el toser.

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El importante papel de los aerosoles -micropartículas de saliva que se pueden mantener en suspensión durante horas- en la propagación de la Covid-19 va quedando cada día más acreditada con estudios científicos.

Científicos de la Universidad de Cambridge y del Imperial College de Londres han comprobado que, en espacios mal ventilados y en los que no se usa mascarilla, el virus puede expandirse más de dos metros en cuestión de segundos y con la misma o más facilidad cuando simplemente hablamos que cuando tosemos.

Las conclusiones del estudio, publicado la pasada semana en la revista científica Proceedings of the Royal Society A, confirman que las medidas de distanciamiento interpersonal por sí solas no son suficientes para prevenir el contagio del coronavirus en espacios cerrados.

Mediante la aplicación de modelos matemáticos, los científicos británicos han calculado las distintas formas por las que el SARS-CoV-2 se propaga por ambientes cerrados con distintas características como la extensión, el número de personas que hay dentro, la ventilación y el uso o no de mascarillas.

El principal hallazgo del estudio es que, cuando dos personas se encuentran en un espacio al ventilado sin utilizar mascarilla -como podría ser el interior de una vivienda, una oficina o un bar con las ventanas y puertas cerradas- hablar durante un largo tiempo tiene incluso más opciones de propagar el virus que el toser, una acción que hace encender las alarmas de manera mucho más inmediata. En cifras, los científicos calculan que una conversación ininterrumpida de 30 segundos equivale a un tosido.

La diferencia fundamental entre ambas acciones es que, al hablar, emitimos partículas de saliva mucho más pequeñas que pueden permanecer en suspensión durante un largo periodo, expandiéndose por la habitación. Al toser, sin embargo, las partículas son más gruesas y, por tanto, tienden a caer al suelo o a otras superficies de manera más rápida debido a la fuerza de la gravedad.

La distancia interpersonal es insuficiente

Cuando no se usa mascarilla en espacios cerrados, los aerosoles se propagan más de dos metros -establecida generalmente como la distancia de seguridad para evitar el contagio- en apenas unos segundos.

Ya existe un amplio consenso científico sobre el hecho de que la gran mayoría de los contagios se producen en interiores y esa hipótesis se ha confirmado con el brusco aumento de contagios que ha tenido lugar en todo el Hemisferio Norte con la llegada del invierno.

“Nuestro conocimiento sobre la transmisión mediante aerosoles del SARS-CoV-2 ha evolucionado a un ritmo increíble cuando consideras que ha pasado solo un año desde que se identificó el virus”, declara el doctor Pedro de Oliveira, de la Universidad de Cambridge y autor principal del artículo.

El mayor conocimiento sobre la forma en la que se difunde el virus también nos otorga mejores herramientas para combatirlo. El estudio también ha probado otra circunstancia ya ampliamente conocida: una adecuada ventilación es capaz de reducir enormemente el riesgo de contagio.

Una app para controlar la ventilación

Basándose en los modelos de su estudio, los investigadores han creado una aplicación online con el nombre de airbone.cam para gestionar una adecuada ventilación en espacios públicos como tiendas, oficinas o clases. La herramienta ya se está empleando en la Universidad de Cambridge.

“Puede ayudar a la gente a realizar acciones mecánicas para mejorar las condiciones y adaptar sus actividades diarias y sus entornos y así reducir el riesgo para ellos mismos y para los demás'', declara Savvas Gkantonas, coautor del artículo y desarrollador de la app.

Científicos de la Universidad de Cambridge y del Imperial College de Londres comprobaron que, en espacios mal ventilados y en los que no se usa mascarilla, el virus puede expandirse más de dos metros en cuestión de segundos y con la misma o más facilidad cuando hablamos que cuando tosemos.