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Personas investigadoras identifican prácticas únicas de amamantamiento tardío entre borucas y cabécares de Costa Rica

Dra. Keilyn Rodríguez Sánchez
Rebeca Malavassi

Niño de diez años mientras es amamantado por su madre en una siesta de verano.

Fuente: Dra. Keilyn Rodríguez Sánchez

Nombre del proyecto

Contacto vital: Significado y prácticas de amamantamiento entre los borucas y cabécares de Costa Rica.

Objetivo general

Analizar la fusión de las prácticas del amamantamiento tardío (en niños mayores de tres años) y del nodrizaje entre los borucas y los cabéceras de Costa Rica, en el contexto de la crianza de los hijos (as).

Descripción del proyecto

El estudio se realizó en las comunidades boruca de Boruca y Rey Curré y las cabécares de Chirripó Arriba y Chirripó Abajo, y sus resultados serán publicados pronto. El estudio etnográfico incluyó en su metodología entrevistas abiertas individuales y grupales, grabadas y transcritas, además de grupos focales y censos en escuelas. La información se encuentra en análisis de datos apoyado con Atlas Ti, y a continuación se describen los principales resultados.

Indistintamente del sexo de los niños (as), las madres cabécares y borucas amamantan a sus hijos menores por más tiempo (alcanzando eventualmente la pubertad, con una edad de entre los 12 o 13 años). Según las indagaciones realizadas por las  personas investigadoras Dra. Keilyn Rodríguez y Dr. Javier Tapia, no se ha registrado anteriormente en la literatura científica la práctica cultural de amamantar a los hijos hasta la pubertad. Lo único que se encontró son documentos en España que indican  que se amamantó hasta los siete años como edad máxima en el pasado. De ahí la motivación de comprender esta tradicional forma de crianza.

Se encontró que la lactancia es una práctica común para todos los hijos (as), y en tercer grado (entre nueve y diez años), el 28% de los niños (as) mantienen "colecho" y amamantamiento con o sin leche con sus cuidadoras. Sin embargo, el amamantamiento con o sin leche se mantiene por más tiempo con los hijos o hijas menores. 

Aparte de la alimentación, el vínculo entre la cuidadora y el hijo menor tiene varias funciones, entre las que se propone:

Sociales: por articular al niño (a) a las figuras femeninas de su familia y de manera intergeneracional por la maternidad compartida que se comenta más adelante. Así, la práctica también articula a las mujeres en una actividad que les es propia y exclusiva, donde se comparte la leche materna o solamente el pecho.

Biológicas: creemos que el amamantamiento por parte de varias mujeres a cada niño diversifica la microbiota, favoreciendo el desarrollo humano de estas poblaciones. 

Económicas: porque el hijo menor hereda lo que queda cuando sus padres mueren, y a la vez tienen el encargo de cuidar de sus padres cuando son ancianos.

Afectiva: el menor del momento cuenta con toda la atención y cariño familiar, pero especialmente de su madre durante todo su desarrollo.

Espiritual: su ombligo es enterrado bajo el fogón para que siempre regrese al hogar de su madre (entre los borucas exclusivamente).

En este contexto, se encontró una estrategia didáctica familiar que es la maternidad colaborativa, y que está relacionada con el amamantamiento alomaterno y tardío. Esto promueve una fuerte vinculación recíproca entre los niños (as) y sus cuidadoras, y trasciende a tres generaciones. 

De esta manera, en una misma familia existe una red de vínculos gracias a que fomentan la cohesión social intergeneracional con un fuerte componente biológico,  como lo es la constante liberación de oxitocina, al amamantar tanto tiempo.

Ese amarre bio-psico-cultural; cercano, físico, afectivo, de pertenencia y económico, pareciera funcionar como resistencia cultural ante los históricos intentos de colonización y neo-colonización, la fuerza de la globalización y de los medios de comunicación por homogeneizar la cultura, pues permiten cohesionar a las personas miembras del grupo en el cálido seno de la madre-abuela boruca y cabécar, y sostienen en el tiempo la maternidad primaria gracias a la maternidad colaborativa con las mujeres jóvenes de la familia.

Ahora bien, la maternidad colaborativa no se da para todos los niños (as) de las comunidades, es un recurso de la pedagogía familiar, al cual se puede echar mano en ciertas circunstancias predeterminadas por la cultura, por ejemplo en madres primerizas que viven aún con sus madres, mujeres emparentadas con residencia común que lactan bebés simultáneamente, o un último hijo no esperado que hace que el anterior requiera soporte familiar para ser destetado mediante amamantamiento alomaterno, para que deje el pecho pausadamente.

Se evidencia una meta de desarrollo que consiste en fortalecer lo más posible la proximidad del niño (a) al grupo y esta vinculación con las cuidadoras le permite al niño un sentido de pertenencia (pertenezco y me pertenecen).

Se identifican estas prácticas culturales maternas como resistencia cultural en el sentido de las tácticas y estrategias cotidianas de los pueblos originarios para enfrentar  la desindianización promovida por la cultura oficial. Son como válvulas de seguridad para evitar la desarticulación del pueblo, prácticas culturales persistentes unidas a discursos ocultos, a manera de infra política, los cuales no siempre son conscientes. 

Esto es justamente lo que se consideró como el amamantamiento tardío y alomaterno, un discurso y una práctica persistente y privada en dos pueblos indios, un mecanismo de seguridad que asegura la integración del grupo social en el seno de la familia materna, mediante un vínculo afectivo bilateral cuidadoras-niños (as).

Los cabécares son matrilineales, los borucas no, pero ambos comparten la preferencia por una residencia matrilocal. Por esta forma de residencia es que tienen la misma preferencia en la selección de las mujeres que amamantan de manera alomaterna a los niños (as).

Entonces, a la propuesta de Hewlet y Win (2014) sobre el sistema de filiación como criterio para seleccionar a las mujeres que pueden amamantar de manera alomaterna a los niños en una cultura, agregamos la hipótesis de que también el sistema de residencia es un criterio que puede entrar en juego a la hora de seleccionar a las lactantes de un niño.

Mapa de área en la cual se realizó el trabajo de campo inicial en Boruca

Fuente: Dra. Keilyn Rodríguez Sánchez

Logros destacados

El principal logro académico es la descripción etnográfica detallada de una práctica cultural aún no registrada en la literatura científica,  como lo es el amamantamiento tardío, identificar las prácticas de la maternidad compartida y de la lactancia alomaterna en las comunidades indigenas estudiadas. 

Adicionalmente, y debido a la novedad del hallazgo, en el ámbito académico, es posible el planteamiento de una serie de preguntas que favorecerán futuras investigaciones:

1. Las ciencias médicas: sobre las implicaciones en la salud de la mujer tras lactar por décadas.

2. La psicología del desarrollo: sobre la vinculación afectiva de las abuelas y las madres con los niños (as) durante la menopausia, en el contexto de una sociedad que tiende a la colectividad y el desarrollo del hijo (a) menor amamantado tardíamente en comparación con sus hermanos (as). 

3. La antropología biológica y cultural: sobre las estrategias privadas de cohesión cultural y resistencia ante los embates neo-colonialistas de las sociedades dominantes y sobre lo que está ahí frente a nuestros ojos,  pero no logramos ver aún, y la importancia del trabajo de campo para identificarlo. Sobre la conformación de la microbiota en seres humanos amamantados por más de una mujer y más tiempo. Sobre la relación entre parentesco y vínculos afectivos.

Impacto social: dar a conocer los resultados entre los médicos y entre los docentes, y discutir con ellos al respecto, de manera que genere más insumos para la atención en salud y educación de estas poblaciones. 

Otro de los resultados importantes consistió en que después de realizada la investigación y con los datos del censo escolar, la comunidad se entera de la actualidad de la práctica del amamantamiento tardío entre ellos (as) y de la gran cantidad de personas que aún la practican. Esto ha fortalecido la conciencia de la práctica y la importancia en la crianza de los niños (as).

Población beneficiaria

Madres indígenas borucas y cabécares. Docentes de educación primaria y secundaria. Médicos de atención en las zonas geográficas.

Participación de instancias e instituciones internas y externas:

Centro de Investigaciones Antropológicas y el Instituto de Investigaciones Psicológicas, con la participación del investigador asociado el Dr. Javier Tapia.