UCR mejora capacidades en evaluación y asignación presupuestaria en investigación

Caterina Elizondo Lucci

La gestión de la investigación universitaria debe centrarse en las personas y en sus capacidades para investigar. Partiendo de este enfoque, la Universidad de Costa Rica (UCR) cierra este año un proceso de implementación de mejoras que fortalecerán la cultura de investigación y evaluación en la Institución.

Novedades en la evaluación de proyectos, en las categorías de fondos concursables y la simplificación de trámites en la Vicerrrectoría, entre otros, buscan fortalecer la cultura de investigación en la Institución.

“La investigación académica es un proceso dinámico que se transforma constantemente. En un ejercicio de transparencia y de responsabilidad, es importante renovar y refrescar la visión de investigación que promovemos, y hacerla cada vez más pertinente y al alcance de la población, que es a quien se debe nuestra institución”, indicó el rector, Dr. Henning Jensen.

Con el liderazgo de la Vicerrectoría de Investigación (VI), en los últimos dos años se llevaron a cabo procesos de reflexión y diálogo participativo con personal de unidades de investigación de las diferentes sedes, para definir una estrategia de diagnóstico y consolidación de buenas prácticas de investigación.

“El diagnóstico inicial reveló la urgente necesidad de romper esquemas de inequidad en la investigación. Así, planteamos el reto de reorganizar la gestión académica de la investigación con el fin de apoyar, de manera diferenciada y personalizada, a las personas investigadoras para que puedan desplegar su potencial con el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles”, explicó el Dr. Fernando García, vicerrector de Investigación.

Este diagnóstico desembocó en cinco grandes propuestas enfocadas en mejorar la asignación presupuestaria y la visibilización de impactos de investigación, principalmente. Algunas de ellas se empezaron a implementar en los últimos meses, pero se espera que en el 2019 su ejecución sea total.

La primera de estas acciones afirmativas radicó en la mejora en la evaluación de la investigación. Se simplificó el trámite y se renovaron los instrumentos de evaluación de las nuevas propuestas entrantes a la Vicerrectoría de Investigación, y su principal novedad es la incorporación de pares externos en este proceso, elegidos y asignados por cada comisión de investigación o consejo científico de las unidades.

La segunda acción consistió en reorganizar los fondos ordinarios concursables de la Vicerrectoría para responder a la excelencia académica de una manera más pertinente y crítica.

En palabras de la Dra. Mónica Salazar, Directora de Gestión de la Investigación de la Vicerrectoría, los fondos existentes se distribuyeron en nuevas categorías, establecidas según las necesidades de investigación y la consolidación de los grupos solicitantes, para ampliar las oportunidades de acceso a todas las áreas y sedes y aprovechar más eficientemente los recursos disponibles.

Entre ellos se encuentran el Fondo Semilla, dirigido a potenciar las capacidades de investigación de grupos menos consolidados; el Fondo de Mentoría, para el fortalecimiento de la regionalización y la investigación conjunta; y el Fondo para Grupos de Investigación, que permiten consolidar la investigación en unidades con capacidad instalada, experiencia y opciones de acceder a otros recursos.

La M.Sc. Jimena Samper Villarreal, del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR), es una de las investigadoras cuyas propuestas obtuvieron un Fondo Semilla. El proyecto que lidera consiste en estudiar el mecanismo de dispersión de pasto marino (Hallophila baillonis) en el Océano Pacífico costarricense para una conservación adecuada de esta especie, la cual está definida como ‘vulnerable’ en la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

“El proceso de concurso por los fondos fue muy claro, muy transparente y competitivo, y permitió ir más allá del papel, pues hubo acompañamiento con entrevista y se facilitó el diálogo”, explicó Samper.

En sus palabras, este apoyo financiero les permitirá trabajar con una serie de pruebas de secuenciación para comprender la variabilidad genética de H. baillonis, la cual sirve de consumo directo de algunos organismos, pero también provee servicios ecosistémicos como filtración de nutrientes, sedimentación y captura de carbono, entre otros.

Como parte de la evaluación de las nuevas categorías de fondos, también se creó el Consejo de Evaluación de la Vicerrectoría de Investigación (CEVI), integrado por personas investigadoras líderes en todas las áreas del conocimiento. Este Consejo tiene el objetivo de dar acompañamiento y retroalimentación a los proyectos que concursen por estas nuevas categorías de fondos.

El Dr. César Rodríguez Sánchez, investigador del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET), es uno de los integrantes del CEVI. Según comentó, la experiencia de este año fue muy enriquecedora,  precisamente por la diversidad de áreas representadas en el Consejo, y la posibilidad de complementar el trabajo de los evaluadores externos, al contextualizar cada proyecto para evidenciar su importancia para el país.

 “Fue un proceso muy riguroso y balanceado. Tras haber laborado en la evaluación de los proyectos, para el resto del año nuestras actividades están concentradas en diseñar la estrategia de evaluación de centros e institutos de investigación.

Por transparencia, y con el afán de comunicar las buenas prácticas de investigación, estamos trabajando en una evaluación integral de su desempeño que se evidencie su impacto y aprovechamiento de los recursos. No existe un espíritu impositivo ni punitivo; se trata de construir un proceso formativo conjunto”, explicó Rodríguez.

Por otra parte, la tercera acción consistió en la simplificación de procesos en la evaluación de las propuestas y la elaboración de informes parciales y finales en línea, lo cual apoya el seguimiento durante todo el proceso de investigación.

Asimismo, la cuarta propuesta consiste en la creación de una base de datos con los equipos disponibles en toda la institución, su ubicación y la persona de contacto, la cual estará lista el próximo año.

Finalmente, la quinta acción es el fortalecimiento de capacidades de investigación mediante talleres basados en las experiencias exitosas y buenas prácticas de investigación identificadas en el diagnóstico participativo en la UCR.

“Los cambios implementados empiezan a dar frutos; vemos más conciencia de los investigadores (as) en la solicitud de recursos, y en propuestas de investigación más concisas, con un potencial mucho más evidente”, mencionó el Dr. García.

En palabras del Rector, estos procesos permitirán mejorar la formación y capacitación de la comunidad investigadora, redundando en propuestas de mayor calidad y con mayor pertinencia, y con una mejor visibilización del impacto de la investigación de centros e institutos.

Un aspecto novedoso implementado por la actual administración de la Vicerrectoría de Investigación fue la apertura de un amplio proceso de diálogo con la comunidad investigadora de la UCR. De hecho, muchas de las propuestas que están en desarrollo surgieron a partir del proceso de consulta. En la imagen la Dra. Mónica Salazar Villanea, directora de gestión de la investigación (izq) y la Dra. Giselle Tamayo, Investigadora del Centro de Investigaciones en Productos Naturales.