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Estudio lingüístico sobre piropos

¡Uuuyyy mamita …!

William Mora Mora, CONICIT

En esa tarde de viernes el ánimo no era para piropear; el frío calaba los huesos y recién terminaba un taller para nuevos editores convocado en la Universidad de Costa Rica (UCR).

Dibujo elaborado por la artista María Ester Alvarado de San Ramón.

Había previsto realizar una entrevista a la M.Sc. Damaris Madrigal López, investigadora de la Sede Regional de Occidente de la UCR,  justo al final de la actividad.

Caminamos hasta la soda de la Facultad de Educación y ahí, en un lugar quizá inoportuno para grabar la conversación, nos debatimos entre la música de ambiente, el tránsito de los estudiantes y las faenas de limpieza de una empeñosa conserje que manguereaba los pasillos aledaños.

Días atrás le propuse conversar sobre una investigación desarrollada 18 años atrás: “El piropo callejero en San Ramón.” Solo su título llamaba la atención, máxime cuando está en la palestra legislativa una propuesta de legislación para penalizar el acoso callejero.

Como la suya, hay cientos de investigaciones que duermen en los anaqueles de nuestras universidades en espera de difusión.

Damaris suma varios estudios en el campo de la antropología lingüística; el más reciente es un diccionario de frases de uso coloquial contemporáneo, de mucho interés sociocultural.

Piropos en San Ramón

Durante tres años (del 1999 al 2001) esta investigadora, graduada en filología de la UCR, desarrolló el trabajo sobre los piropos callejeros en la llamada “tierra de los poetas”; quería conocer la naturaleza de este acto comunicativo y compararlo con prácticas similares en el Valle Central de Costa Rica.

Con la ayuda de estudiantes hizo observaciones de campo en el parque de la localidad, a la entrada de los bares y a la salida de las iglesias.

En esos nichos de expresión social logró grabar y después transcribir cerca de 100 piropos distintos; los clasificó en campos semánticos particularmente asociados a frutas, verduras, animales y condiciones de la naturaleza.

Sus hallazgos se mantienen hoy en resguardo en el archivo institucional de la Sede Occidente de la UCR.

Pudo identificar que los piropos en San Ramón son menos grotescos, tienden a ser una construcción estética; en especial cuando se comparan con los del Valle Central, particularmente con los de Cartago, que evidencian un tono más lascivo.

En San Ramón se registran muchos ámbitos de producción, pero el piropo es más poético; hay una constante comparación con expresiones alusivas a ángeles, frutas y hasta especies de animales, afirma Madrigal.

Para esta investigadora los piropos son metáforas simples; se usa con frecuencia el símil y esto los convierte en una creación poética.

Expresión chispeante

Del acuerdo con la investigadora la palabra “piropo” viene del griego “pyros”,  que alude al fuego; por tanto, son expresiones “chispeantes” y quien las pronuncia busca siempre una reacción en el perceptor, aunque esta sea negativa.

En ocasiones los piropos son claves para el cortejo; constituyen medios de intercambio para llamar la atención del otro. La recompensa va desde una sonrisa del perceptor hasta una frase espetada al piropeador.

Para la investigadora aunque una expresión sea de contenido grotesco, en términos estrictos sigue siendo un piropo; desde luego, la probabilidad de éxito en el ejercicio de cortejo disminuye cuanto se tornan vulgares.

Los piropos en general alientan lo que se denomina en lingüística el “prestigio abierto” y el “prestigio encubierto”; en el primer caso la persona busca el reconocimiento sin tapujos de la persona aludida y en la mayoría de los casos busca una visión positiva de los otros.

Cuando se trata del prestigio encubierto el piropeador pretende tener una llave de acceso al grupo, no importa si se ofende a alguien.

Esto se ve cuando los muchachos empiezan a sentir la libertad para decir “malas palabras”; se sienten más hombrecitos y buscan agradarle al círculo de amigos, agrega Damaris.

A veces una frase que parece ofensiva puede terminar siendo del agrado del perceptor. 

“¡Uuyyy mamita tiene más carne un taco de queso que usted!” Este es un piropo de contenido grotesco, pero podría ser que la persona lo sienta como un cumplido dada su aspiración de lucir delgada, según su ideal estético.

Tradición y la espontaneidad

La investigadora considera que los piropos mantienen una línea en el tiempo; algunos sufren modificaciones, pero en esencia siempre hay una construcción poética. Se han logrado identificar campos semánticos recurrentes como los referidos a ángeles, frutas y animales.

En algunos casos son originales, las personas los construyen en el momento o, por el contrario, surgen de estructuras heredadas en la tradición oral.

Los piropos casi siempre se dicen en las aglomeraciones. En San Ramón, en los espacios abiertos, se observó que muchos tenían un carácter de inocencia, lejos de connotaciones libidinosas.

El piropo y los sexos

Según la investigadora el piropo es más frecuente en boca de los hombres.

“Yo no registré casos de mujeres que anduvieran solas y dijeran algo a un hombre; las mujeres solo piropean cuando andan en grupo, lo hacen para congraciarse con sus congéneres”, explicó la investigadora.

Sin embargo, en el estudio se constató que cuando las mujeres piropean lo hacen con frases agresivas y atendiendo a características físicas y sexuales. Casi siempre los piropos son menos creativos y hay más recurrencia a expresiones como “!Riiico!”

¿Por qué ocurre esto?

Según Madrigal esto podría deberse a los anhelos de reivindicación de la identidad femenina, al llamado empoderamiento de la mujer; así como ellas se han sentido agredidas por estas expresiones creen que pueden responder con la misma moneda.

Las mujeres manifiestan la conducta de piropear entre los 14 y los 20 años; después esta manifestación tiende a desaparecer. Por su parte, los hombres empiezan a piropear cerca de los 17 años y lo siguen haciendo por el resto de la vida.

“Cuanto más viejos sean los hombres más poéticos y más creativos se tornan los piropos. Esto tiene que ver con la probabilidad de éxito, ya que creen que si los perfeccionan llamarán más atención”, agregó la investigadora.

Rechazo o aceptación

Ella clasificó las reacciones a los piropos en dos categorías: las lingüísticas y las no lingüísticas. Cuando la persona meta del piropo reaccionaba con una sonrisa, una modificación de la forma de caminar u otro tipo de expresión gestual, se consideraba como una reacción no lingüística; cuando hay verbalizaciones directas con palabras como “idiota,” “grosero,” “!Viejo cochino!” o “¡Su madre!”, estas serían respuestas lingüísticas.

Los piropeadores siempre acompañan la frase con reacciones físicas como levantar la espalda, estar en posición erguida, echar los hombros hacia atrás y hablar fuertemente. Con frecuencia se invade el espacio de la otra persona, como acercarse al oído.

En el caso de San Ramón se encontró que no era común el que los piropeadores invadieran el espacio de las mujeres.  Esta conducta sí se evidencia en zonas como Guanacaste,  donde incluso se llega al contacto físico.

En el Valle Central se encuentra que los piropos tienen más connotaciones sexuales, se alude a características físicas de las personas que lo reciben.

Práctica decae

Si bien los piropos se pueden considerar como una expresión cultural que ha sobrevivido por generaciones y se practica en casi todo el mundo, en Costa Rica está siendo condicionada por la promulgación leyes sancionatorias, especialmente cuando atañen al acoso sexual.

“La lengua es parte de nuestras manifestaciones antropológicas y la primera diferencia que hay que hacer a la hora de realizar estudios, es dimensionar lo femenino y lo masculino. Al final las leyes no resolverán la conducta social entre hombres y mujeres”, manifestó Madrigal.

Actualmente el piropo está siendo sustituido por formas de expresión con menos carga semántica debido al uso intensivo de los celulares y las computadoras. Los emoticones, según la investigadora, hoy se pueden considerar algunas expresiones como ciberpiropos.

M.Sc. Damaris Madrigal López, investigadora de la Sede Regional de Occidente de la UCR.

UNA MUJER DE LETRAS

 

Con 18 años de realizar investigación en el campo de la lingüística la M.Sc. Damaris Madrigal López tiene una maestría en educación y actualmente realiza estudios de doctorado en esta misma disciplina.

Ha trabajado ocasionalmente en la Sede Rodrigo Facio en San Pedro, la mayor parte de su carrera como docente ha sido en la Sede de Occidente, aunque también ha laborado en las sedes de Turrialba, Puntarenas, Tacares. Actualmente, es directora de la Editorial de Occidente y de la Revista Pensamiento Actual y Coordinadora de Investigación de la Sede de Occidente.

Nació en el seno de una familia numerosa (10 hermanos) de padres obreros; un padre huérfano de padre y una madre huérfana de madre, pero que ella asegura que han sido maravillosos y a quienes les debe todo en la vida; no tiene hijos y está casada con un antropólogo muy emprendedor.

Realizó sus estudios de primaria en la Escuela República de Chile, los secundarios en el Colegio de Señoritas; Damaris es producto del sistema de educación pública nacional.
Ambiciona continuar en el campo de la investigación y le preocupa la poca difusión que tienen los estudios en Ciencias Sociales, campos en los que considera hay un bajo reconocimiento.

̶ Los docentes debemos dar el ejemplo; los profesores debemos investigar y publicar.

Aunque tuvo una buena nota en el examen de admisión en la UCR y “todo me gustaba” recuerda como su hermano Róger, uno de los mayores, un día se acercó y le dijo:  ̶ Vea, yo a usted no la veo como un número, yo la veo como una letra.

Con el paso de los años la sentencia probó ser cierta; ingresó a la universidad porque se sentía apasionada por la Lingüística.

En el 2015 terminó una investigación de tres años para crear un diccionario ilustrado de frases de uso coloquial contemporáneas, tema que había tratado en su tesis de licenciatura en filología.
Pudo recolectar cerca de 1100 dichos populares relativos al impacto de la tecnología, el color, la estética y el sexo. Las frases también recogen la visión de las nuevas generaciones en torno a la población migrante y otros aspectos de orden económico. Atrás quedaron los dichos asociados a la vida campesina como “hacerse el chancho”.

̶ Antes se decía cuando algo no era original que era “hechizo”; lo “paque”  (paqueteado) ha tomado su lugar.

̶ ¿Qué pasa si hoy alguien le dice un piropo?

Lo acepto; sería un milagro a mi edad (47 años).

Sí recibo piropos en la calle y en el trabajo, la gente es amable conmigo.

̶ ¿Cuál es el piropo que le ha impactado más; el piropo excelso?

El que más gracia me hizo fue uno dirigido a una muchachita muy delgada cuando iba por la calle. Un señor le dice: ̶ ¡Qué buenas piernas…! Ella se vuelve con su minifalda bastante corta y le sonríe; el hombre prosigue: ̶ ¡Tan flacas y no se le quiebran!

̶ ¿Cuál es el piropo que más detestan las mujeres?

“¡Rica!”; ese concepto para nosotras no está claro.  No sabemos que inspira ese piropo, es confuso.

̶ ¿Cuál es el piropo que usted cree las mujeres más aprecian?

Los que tienen que ver con ángeles. Esos como…  “San Pedro dejó la puerta abierta porque los ángeles están saliendo.”

̶ ¿Hay piropos neutros?

Sí, ¡Adiós!