Países pobres serían futuros ‘guardianes’ de agrobiodiversidad

SciDev / Inga Vesper, Zoraida Portillo

Los países en desarrollo son mejores que las naciones más ricas cuando prometen proteger importantes especies agrícolas en el futuro, pero hacen menos por salvaguardar la biodiversidad existente.

Los investigadores encontraron que, mientras que 6.000 especies de plantas están siendo actualmente cultivadas, menos de 200 de ellas brindan la mayor contribución a la cadena alimenticia. Solo nueve de ellas, incluyendo el trigo y el arroz, componen el 66 por ciento de la producción global de cultivos. (Foto SciDev)

Este es uno de los hallazgos del Índice de Agrobiodiversidad, lanzado recientemente (11 de junio), el cual evaluó diez países sobre cómo cuidan animales y plantas importantes para la agricultura. La agrobiodiversidad se refiere a las especies domesticadas y a las silvestres cuando contribuyen a la producción de agricultura y alimentos.

Mientras el hambre mundial aumenta y al menos un tercio de la población mundial sufre de mala nutrición, la diversidad en la agricultura es esencial para fomentar la seguridad alimentaria, de acuerdo con Bioversity International, que compiló el índice. La organización señala que esta herramienta podrá ayudar a tomadores de decisiones en los gobiernos y las industrias a asegurar que sus sistemas alimentarios sean más sostenibles.

“El aumento en la demanda mundial de comida y las limitadas tierras para cultivo nos empujan a expandir las fronteras agrícolas y a incrementar la producción. Esto a menudo ocurre sin tener en cuenta el ambiente, causando la pérdida de biodiversidad, así como la degradación de tierras y aguas”, afirma el reporte.

Investigadores de la organización revisaron las especies existentes, su uso y protección, así como los planes para criarlas en el futuro.

Los diez países estudiados fueron Australia, China, Estados Unidos, Etiopía, India, Italia, Kenia, Nigeria, Perú y Sudáfrica. De estos, Perú fue el segundo mejor en proteger la biodiversidad agrícola existente, siendo Italia el primero, y Australia el tercero. Perú también tuvo un buen desempeño en la nota del progreso, la cual mide los compromisos futuros de protección.

Juan Lucas Restrepo, director general de Bioversity International, dijo que Perú era “un caso increíble”, debido a los compromisos del país por trabajar con comunidades locales, promoviendo una agricultura sostenible y preservando una variedad de cultivos locales, tales como cocoa, maíz, quinoa y oca.

“Ellos entienden que estos cultivos no son solo más nutritivos, sino que también atraen turistas y beneficios a la economía peruana”, indicó Restrepo.

Julio Ugarte, profesor visitante de la Universidad Nacional Agraria La Molina, de Lima, dice que Perú tiene un puesto expectante porque el índice lo que muestra es qué tan sostenible es el sistema de producción alimentaria.

“No se pueden negar los grandes esfuerzos que se hacen a nivel nacional para que la agrobiodiversidad de los cultivos se mantenga”, con experiencias muy singulares, como el rescate de los llamados ‘cultivos perdidos de los incas’ (papas nativas, raíces y tubérculos andinos diversos) “que siguen produciéndose y son parte importante de las dietas de los más pobres”, precisa.

Esos cultivos son sembrados en mezcla de diversas variedades en las comunidades remotas lo que en opinión de Ugarte, es una estrategia de sobrevivencia ante un ecosistema riesgoso, pero al mismo tiempo ayuda a mantener y aumentar la diversidad agrícola.

Sin embargo, menciona que pese a los esfuerzos desde las políticas por incentivar la agrobiodiversidad, se siguen incentivando también los monocultivos, como palma aceitera en la Amazonía o la agroindustria en el norte, que crean puestos de trabajos pero a un gran costo ambiental.

“El índex reconoce el esfuerzo de los pobladores locales para mantener la diversidad dentro de las chacras pero también como un indicador de que las políticas públicas deben dirigirse a mejorar esta diversidad para disminuir los riesgos”, indica Ugarte, quien además es consultor del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre.

“Lo que esperaríamos es que se evalúen otros países como México, donde la biodiversidad de maíz, cacao, chía, ají y otros cultivos se está internacionalizando. Los grandes ‘jugadores’ son los centros de domesticación. Perú es uno, pero México es otro”, remarca.

Blanca León, investigadora del departamento de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Texas, Austin, también está de acuerdo que en el Perú todavía hay muchas comunidades remotas y pequeñas que mantienen cultivares tradicionales que no se encuentran en otros lugares, pero señala que según su experiencia “faltan objetivos y planes claros para lograr el uso y protección de la diversidad biológica”.

Añade que, por ejemplo, no hay una agenda de investigación “que guíe el uso de recursos nativos, como el algodón peruano o la mayoría de plantas ‘medicinales’".

“Mi experiencia de lo que he visto en Perú me hace pensar que algunas personas emprendedoras son el motor principal para que, posteriormente, algunos recursos de la agrobiodiversidad se conviertan en una fuente de negocios o de que los negocios se aproximen a ellos”, complementa León, quien es profesora honoraria de la división de Botánica del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El angosto sendero de especies ganaderas y alimenticias

En general, a los países en desarrollo les fue menos bien que sus contrapartes desarrolladas en el actual índice de agrobiodiversidad, en el que Etiopía, Sudáfrica e India están en los últimos lugares. Sin embargo, en el índice de progreso –el cual midió las acciones futuras y compromisos-, India lideraba el campo, seguida por Kenia y Sudáfrica.

Estas tendencias podrían convertir a los países en desarrollo en los futuros “guardianes” de la biodiversidad, señaló Restrepo, agregando: “Los mejores, en términos del estado, están en los puestos más bajos en términos de progreso. SI los países ricos no mejoran, perderán su estatus actual”.

Los investigadores encontraron que, mientras que 6.000 especies de plantas están siendo actualmente cultivadas, menos de 200 de ellas brindan la mayor contribución a la cadena alimenticia. Solo nueve de ellas, incluyendo el trigo y el arroz, componen el 66 por ciento de la producción global de cultivos.

El panorama luce similar para el ganado. Cerca de 7.700 especies diferentes de animales están siendo criadas en granjas alrededor del mundo pero, de ellas, más de un cuarto  enfrenta la extinción, mientras los agricultores cambian a productos de mercado masivo.

Lukas Egli, investigador en sistemas ecológicos en la Asociación Helmholtz de Alemania, dice que una mejor protección de la agrobiodiversidad requerirá una “transformación fundamental” del sistema alimentario, con menos énfasis en la agricultura intensiva y más apoyo a pequeños agricultores, para asegurar que puedan competir.

“En regiones donde la norma es la agricultura industrial de gran escala, se requiere adaptar las políticas para darle acceso a los pequeños agricultores a las tierras y a estructuras de apoyo, que les permitan ser económicamente viables”, indicó a SciDev.Net.

Sin embargo, estas recomendaciones van a contravía de las tendencias proyectadas para la agricultura. Cada vez más, los alimentos son producidos por grandes compañías que se enfocan en pocos cultivos altamente populares y versátiles, tales como el trigo y el maíz, para alimentar de forma económica a una población mundial cada vez mayor.

A medida que el cambio climático incrementa los precios de los alimentos, y con una población mundial que alcanzará los nueve mil millones para el 2050, Bioversity International dice que planea publicar un segundo índice que examine el desempeño de las compañías en relación con la agrobiodiversidad, para promover mejores prácticas en el sector privado.

Para Ugarte, será muy importante tener en el futuro dos análisis, uno geográfico —a nivel de país, como ahora— pero otro temporal, donde se vea qué tan sostenible está siendo el sistema de producción alimentaria y si las políticas ayudan a mejorar o disminuir el índice. “No siempre la protección de especies agrícolas y la protección de la biodiversidad van por el mismo camino”, advierte.

“El aumento en la demanda mundial de comida y las limitadas tierras para cultivo nos empujan a expandir las fronteras agrícolas y a incrementar la producción (...) causando la pérdida de biodiversidad, así como la degradación de tierras y aguas”, afirma el reporte de Bioversity International, con sede en el distrito de Maccarese de Roma, Italia, y filiales en todo el mundo. (Foto G.I.)